lunes, 15 de noviembre de 2021

Los humanos somos seres esencialmente artificiales: Roger Bartra. TELOS vas a perder ! - 117 / 5

(Todos los fragmentos o párrafos están extraídos de: https://telos.fundaciontelefonica.com/) - 

"Roger Bartra es una personalidad híbrida. Por su trayectoria vital —hijo de exiliados españoles en México—, ha llegado a ser un referente del pensamiento latinoamericano, profesional —ha ocupado plaza en las más prestigiosas universidades americanas y europeas, ha dirigido medios de comunicación y ha sido guionista de cine, entre otras— e intelectual —ha transitado desde la ciencia política a la neurociencia atravesando la cultura, el arte, la etnología,…—. Si el pensamiento crítico puede tener un exponente, sin duda, Bartra es uno de ellos. ¿Su especialidad? Quizás el estudio de la mutación de las especies o, tal vez, las especies mutantes. “Los humanos somos seres esencialmente artificiales”, afirma." - 

"La inclinación por escapar de la cárcel corporal ha llevado a algunos científicos y pensadores a buscar alternativas en las esferas digitales dominadas por algoritmos. Pero creo que ya éramos parte de los algoritmos que habitan en las redes en forma digital. Esa dimensión algorítmica de la cultura existe desde hace mucho, pero hoy se ha expandido de forma que algunos la ven como amenazadora y otros como una esperanza. - 

Yo veo la gran expansión de las esferas digitales más como una esperanza que como una amenaza. Los humanos somos seres esencialmente artificiales. Incluso los instrumentos materiales que podemos tocar, ver, oír y oler, que contienen información analógica, albergan amenazas y peligros. Con esos viejos instrumentos, los humanos se han matado durante siglos y han provocado inmensas calamidades... - 

La tendencia a que las esferas de nuestra conciencia, inscritas en circuitos culturales, sean cada vez más digitales y estén formadas por algoritmos no es en sí misma un peligro. La amenza está en la forma en que las sociedades usan y abusan de estos recursos digitales. La llamada ciberguerra fría es mucho menos mortífera que las viejas guerras con espadas o con fusiles. La conciencia humana no se dañará si cada vez es más artificial. - 

Yo sostengo que hay redes exocerebrales conformadas por prótesis simbólicas que prolongan, en las esferas sociales y culturales, funciones cerebrales. Lo he explicado en mi libro Antropología del cerebro. Estas prótesis son estructuras simbólicas como el lenguaje, la música, el arte y las memorias artificiales. Y estas prótesis culturales cada vez están más invadidas por algoritmos, como los que modulan las complejas máquinas que nos rodean, empezando por los teléfonos móviles. Este exocerebro es lo que permite que seamos conscientes de que somos conscientes. Estos elementos exocerebrales de la conciencia tienen un poder causal y son capaces de modificar y modular la operación y las funciones de las redes neuronales. Los circuitos exocerebrales no son instancias metafísicas y no se encuentran fuera de la esfera de causas y efectos del mundo físico y biológico. Lo que estamos experimentando cada vez con mayor fuerza es que estas prótesis, cada vez más sofisticadas, nos influyen desde el interior de nuestra conciencia. Nuestra conciencia está cada vez más poblada de algoritmos artificiales. - 

No hay ningún peligro inminente de que las máquinas dominen nuestra conciencia. Muchas de ellas están atrapadas en nuestra conciencia. Desde que los humanos tallaron los primeros cuchillos de piedra, los instrumentos artificiales se integraron en nosotros. Sus versiones más complejas, los robots, están aquí para ayudarnos y complacernos. Trabajan y nos divierten. Son parte de nuestra conciencia, y si hay algún peligro, este no es externo. - 

La ausencia de otro sería nuestra muerte. Rimbaud dijo muy claramente: “Je est un autre (yo soy otro)”. El exocerebro no está compuesto de símbolos flotando en el vacío. Esos símbolos, esas prótesis algorítmicas, están apoyadas en los otros, en la sociedad que nos rodea, en personas de carne y hueso. La pandemia nos ha obligado a filtrar los contactos con los otros a través de las pantallas para esterilizarlos de virus. Pero esta sanitización distorsiona nuestras relaciones. Y cuando los lazos que nos conectan con los otros, de trabajo o de amistad, se debilitan y se estrechan para quedar reducidos a redes digitales, pueden aparecer formas inquietantes de melancolía. - 

Las tecnologías no son inocuas, no son placebos, pero pueden ser usadas como tales. Una máquina incomprensible y aparentemente muy complicada aplicada a un enfermo puede aliviarlo. El uso de prótesis tecnológicamente muy sofisticadas tiene un valor simbólico que genera en los humanos un efecto placebo. Es el caso de los teléfonos móviles y de los videojuegos. Nos proporcionan placer y su ausencia nos provoca dolor o ansiedad. Las tecnologías modernas manejadas por nuevos chamanes pueden lograr efectos de alivio. Pero también pueden convertirse en nocebos, lo contrario al placebo. - 

El principal componente del exocerebro sigue siendo el habla, el lenguaje. La IA es la expresión más reciente del exocerebro, es decir, de la parte externa de nuestra conciencia. Nuestra conciencia siempre ha estado entregada a instancias externas. Nuestra esencia humana es esa externalidad de la conciencia... El peligro de que nosotros, los humanos, acabemos siendo el exocerebro biológico de máquinas hiperinteligentes es algo que todavía está en el terreno de la ciencia ficción. - 

El exceso de información como una masa indiscriminada y caótica que nos llega a través de las redes informáticas, guiadas por inteligencias robóticas, es un fenómeno altamente tóxico. Genera abulia, produce aburrimiento, nos cansa y nos hace sentir superfluos y perdidos en el caos. Hay que agregar otro desafío: la melancolía que invade a las sociedades que experimentan grandes y acelerados cambios, que ven como sus formas tradicionales de vida se esfuman. - 

El transhumanismo es una especie de chamanismo posmoderno, pues parte de la idea de que las prótesis rituales y simbólicas pueden crear extraordinarios efectos biológicos y contribuir a la sanación. Los posthumanistas sustituyen los rituales y los simulacros por prótesis realmente implantadas en el cuerpo de los humanos para aumentar sus capacidades. Las palabras del chamán son sustituidas por artefactos. El objetivo es la creación de una nueva especie posthumana, los cíborgs. ...Muchos transhumanistas piensan que la singularidad tecnológica que producirán unos seres posthumanos no está muy lejana. Creen que, en apenas unas décadas, estaremos viviendo un mundo posthumano. Creo que están equivocados y que esa singularidad tardará mucho más en llegar y será muy diferente a la que imaginan. Lo que vendrá serán máquinas conscientes que acompañarán a los humanos. - 

Lo que nos hace humanos es la parte no biológica de nuestra conciencia. Se trata de otra singularidad, con minúsculas, la de las prótesis artificiales que constituyen la cultura y el entorno social que los humanos hemos creado. La singularidad que reúne, en una sola red, la palabra con la sensibilidad. - 

En un mundo ideal, solo las máquinas estarían empleadas. Yo creo, junto con algunos economistas, que es necesario impulsar una nueva forma de libertad: la libertad de no trabajar o de decidir libremente el tipo de trabajo que se desea. Se trata de poner en duda el carácter sagrado del trabajo, santificado tanto por las tradiciones religiosas como por el liberalismo o el marxismo. El trabajo ya no se asocia naturalmente a la libertad por su carácter moral o redentor. Estas ideas se ligan a la propuesta de un ingreso básico universal. -

El futuro profundo es previsible: nos toparemos con el reto del ocaso del sol. A corto y mediano plazo debemos ser conscientes de esa amenaza cósmica, que ocurrirá dentro de 7.000 millones de años, y construir desde hoy la inteligencia necesaria para sobrevivir a esa catástrofe." 

(Todos los fragmentos o párrafos están extraídos de: https://telos.fundaciontelefonica.com/) 

Saludos. 

José Miguel Rubio Martínez TICDEPLATA* edublogger. Profesor PT TIC del CRA Vía de la Plata de Extremadura, junto con Castilla y León.

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